La lucha contra el populismo en Europa

La necesidad de una definición correcta y una valoración objetiva del fenómeno populista es de gran importancia para los Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas de Europa, especialmente a causa de su creciente influencia entre las masas trabajadoras y en las áreas de mayor sufrimiento social.

Debemos, por lo tanto, tratar de aclarar la naturaleza y las características del populismo, analizar y estudiar sus bases sociales, las formas concretas de su política, para combatirlo ideológica y políticamente.

«Populismo» (tendencia política que pretende atraerse a las clases populares) no es un concepto nuevo. Este movimiento político nació en Rusia hacia la mitad de 1800 bajo la influencia de A. I. Herzen. Los populistas fueron críticos utopistas y románticos del capitalismo. Propugnaron una revolución basada en las tradiciones del colectivismo agrario y teorizaron el deber de los intelectuales de ponerse al servicio del pueblo.

Lenin definió el populismo: «La esencia del populismo consiste en que representa los intereses de los productores desde el punto de vista del pequeño productor, del pequeño burgués».

También en los Estados Unidos emergió en el 1891 un partido populista, el People’s Party, que estableció su base social entre la masa de los pequeños propietarios agrícolas endeudados e indignados por la creciente desigualdad social en una sociedad en la que se afirmó el dominio del capital financiero.

El populismo actual no es el mismo que el del siglo XIX; surge en diferentes condiciones históricas y sociales: de una fase de desarrollo del capitalismo monopolístico a una fase de empeoramiento de la crisis general del capitalismo. Mas pese a las diferencias debidas a las condiciones históricas cambiantes, la esencia, el objetivo fundamental del populismo, es hoy como ayer, impedir, frenar, desviar a las masas populares y en primer lugar al proletariado de la lucha consciente y organizada contra el capitalismo y el imperialismo.

Hoy en Europa este fenómeno político tiene diferentes variantes y formas organizativas. En un mismo país el populismo puede asumir distintas formas, a veces en competición unas con otras, como resultado de la profunda crisis económica y política que ha golpeado a todos los países en la última década, y engendrado profundas desigualdades sociales en amplias capas de la población, particularmente las populares, incluida la pequeña y media burguesía.

El auge de la propaganda populista, está vinculado al empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo de amplias masas, a la profundidad del impacto social de la política neoliberal y de austeridad, a la crisis de legitimidad y autoridad de las instituciones burguesas, así como a las crisis, contradicciones internas y fracturas que se producen en las clases dominantes.

El éxito político del populismo es consecuencia directa de la crisis y decadencia política, moral y electoral de los viejos partidos liberales y socialdemócratas. Los populistas tratan de ocupar ese espacio político.

El populismo se desarrolla en circunstancias en que se debilita el «compromiso social», es decir, el sistema de colaboración de clase entre Estado burgués, sindicatos y patrones, que constituye la base del «welfare State» (Estado de bienestar). Eso provoca amplios movimientos de protesta en el que actúan grupos populistas de «izquierda», de extrema derecha, fascistas y nazis.

El populismo es una expresión de la crisis profunda de la democracia burguesa y sus formas tradicionales de representación política, sobre todo las de los partidos reformistas, que no ofrecen ninguna alternativa a las políticas neoliberales y de austeridad, ni quieren representar los intereses obreros y populares. Al mismo tiempo es también una respuesta del sistema burgués para superar el «déficit de representación», y tratar de encauzar la indignación y la rabia de las masas populares a asumir el chovinismo, el racismo, el militarismo, etc. El ascenso del populismo viene favorecido por las medidas reaccionarias, autoritarias y antipopulares aplicadas por la burguesía y sus partidos liberales y socialdemócratas, que desmantelan logros y libertades democráticas de los trabajadores, recortan los derechos del parlamento burgués, destruyen la soberanía popular, ningunean la independencia nacional e intensifican la represión contra el movimiento obrero y sindical.

La difusión del populismo viene facilitada por la derrota transitoria pero profunda, internacional, multilateral, del socialismo y de las dificultades de la recuperación del movimiento de la clase obrera, que hoy tiene escasa confianza en sí misma; así como por la debilidad política, ideológica, organizativa de los partidos políticos de la clase obrera y los movimientos revolucionarios en general.

El estado en que se encuentra la sociedad burguesa, dado el nivel de sus contradicciones y del atraso del factor subjetivo de la revolución proletaria, favorece la difusión de fenómenos como el populismo, típica «enfermedad senil» del imperialismo.

EL FENÓMENO POPULISTA EN EUROPA

La segunda década del siglo XXI en Europa se caracteriza por un escaso crecimiento económico, debido a la gran crisis de superproducción del 2008, y una mayor inestabilidad política. A consecuencia de la crisis y los recortes salariales, las pensiones y los gastos sociales, han aumentado considerablemente la desigualdad social y la pobreza. Entre las masas trabajadoras se ha impuesto la precariedad laboral. También la presión migratoria y el terrorismo, hábilmente manipulados por los medios de comunicación burgueses, favorece el sentimiento de inseguridad social, al mismo tiempo que la corrupción, el clientelismo y los escándalos han hecho crecer la desconfianza en los partidos tradicionales.

En esta situación histórica, en la que «lo viejo no termina de morir y lo nuevo no acaba de nacer» (Gramsci), han surgido en muchos países, del Norte al Sur europeo, nuevas formas políticas para desviar a las masas populares, y en primer lugar al proletariado, de la lucha revolucionaria consciente y organizada contra el capitalismo. que, incluso el más «demócrata», no pierde su naturaleza reaccionaria.

Se han fortalecido partidos o movimientos de protesta ilusoria y a menudo reaccionaria contra las oligarquías y la UE, que ofrecen alternativas internas al sistema, sin presuponer la superación revolucionaria del capitalismo. Sus «caballos de batalla» son: la recuperación de la soberanía nacional, la crítica a las injerencias de la UE y las políticas de austeridad, los problemas de la inmigración, el multiculturalismo, la responsabilidad de los bancos en la crisis, la teoría del «complot», la idea de la «traición» contra el pueblo, etc.

Esos partidos y movimientos populistas, algunos de ellos, ha ganado rápidamente terreno en Europa a nivel electoral y en algunos países ya están en el gobierno, introduciendo cambios de tipo autoritario y reaccionario.

Estos partidos empiezan a desarrollarse, con la aplicación de la política neoliberal por parte de los partidos «tradicionales», de derecha o socialdemócratas. Con el debilitamiento de estos partidos, particularmente de los socialdemócratas, y también de los viejos partidos liberales, se creó un vacío político aprovechado por el populismo y sus organizaciones.

Un terreno de cultivo, hábilmente aprovechado por el populismo, han sido países del Este europeo, como Hungría o Polonia, que han pasado de Estados burocráticos dirigidos por partidos revisionistas a Estados capitalistas «clásicos» que han impuesto brutales políticas neoliberales con los famosos programas de «terapia de choque», en el marco de la Unión Europea.

Los partidos populistas que hoy dirigen esos p países unen el discurso anti UE, «que nos impone decisiones que no queremos», a la política xenófoba, racista. También denuncian las desigualdades de trato que practica la UE: la restricción de las «ayudas», las reglas que limitan el dumping social que perjudica a las empresas de su país; gimotean por la actitud desdeñosa de la UE y los grandes poderes hacia ellos.

En Europa occidental, el populismo se desarrolla sobre todo a partir de la crisis de 2008. En un primer momento hay un avance de sus versiones de izquierda (Podemos, Syriza); sucesivamente sus versiones de derecha o heterogéneas (Front National, AFD, 5 Estrellas, etc.). En esta fase continúa a avanzar el populismo de derecha. Ya actúan gobiernos populistas de derecha en Polonia, Hungría, Austria, Eslovenia, Rep. Checa e Italia.

Las expresiones del populismo en Europa hoy son predominantemente reaccionarias, con partidos y movimientos que mantienen posiciones nacionalistas, conservadoras y xenófobas como el FN en Francia, AFD en Alemania, la Liga y la mayoría del M5S en Italia, el Danish People’s Party en Dinamarca, FPO en Austria, Ukip en Inglaterra, los Auténticos finlandeses, el Partido de los Demócratas suecos, el N-VA en Bélgica, el Partido de la Libertad en los Países Bajos, el partido Orden y Justicia en Letonia, el partido Ley y Justicia en Polonia, el Gerb búlgaro, el Fidesz y el Jobbik de tipo fascistas húngaros, etc.

El fenómeno no se limita a los partidos parlamentarios, ya que existen movimientos sociales como el «Pegida» alemán que forman parte del populismo de derecha.

La llegada al poder de Trump, chovinista y reaccionario, partidario del proteccionismo y de mano dura contra los migrantes, ha reforzado la ola del populismo de derecha en Europa.

Entre ese conglomerado populista, no podemos olvidar a los racistas y fascistas que tratan de esconder su ideología con pomposas declaraciones para «defender al pueblo» contra los «invasores extranjeros» que llegan a sus países para quitar el trabajo a los autóctonos, contra los inmigrantes que son «delincuentes natos», violadores, traficantes de droga, etc.

El populismo es actualmente el vehículo por el cual el fascismo penetra entre las masas.. El populismo de «izquierda», que se distingue por un rechazo incoherente de las políticas de austeridad de la UE, existe, sobre todo, en la periferia meridional de la UE: España (Podemos), Grecia (Syriza), Italia (algunos sectores del M5S, y otros grupos).

BASE SOCIAL Y FUNCIÓN DEL POPULISMO

El populismo tiene su base en la pequeña burguesía empobrecida y marginada en términos económicos, de representación política, privada del propio «status» social. En los países dominados por el capital monopolístico la pequeña burguesía, especialmente de la ciudad, se ha extendido durante décadas convirtiéndose en un importante factor de equilibrio y estabilidad política de las «liberal-democracias occidentales» (como sólidas fuentes electorales), para luego sufrir un veloz proceso de empobrecimiento y exclusión política con la «globalización» y la crisis del 2008.

La decadencia de la pequeña burguesía su desmoronamiento (y por otro lado el rápido ascenso de nuevos y estrechos grupos burgueses privilegiados), por tanto, la rotura de esta fundamental capa de la sociedad burguesa, está en el origen del terremoto político populista.

Debemos entender la diferencia entre la base social de este fenómeno y el empleo que de él hace la gran burguesía. Esta base se origina como producto de la crisis del sistema imperialista que golpea y desestructura vastas capas de la sociedad, particularmente la pequeña burguesía que se aparta de sus tradicionales partidos. Ello estrecha la base de la dictadura burguesa.

Por consiguiente, la burguesía encuentra serias dificultades para mantener su dictadura con los viejos métodos, los viejos partidos, las viejas personas. Se encuentra en la imposibilidad de aplicar las viejas políticas con las viejas formas. Las contradicciones existentes en el plano nacional e internacional, llevan a la clase dominante a recurrir a fuerzas y nuevos métodos de gobierno. Tiene que recurrir a la demagogia y al engaño. Tiene que actuar contra lo que ella misma ha creado, los viejos partidos, aun acosta de crear desequilibrios políticos y choques en sus instituciones nacionales y supranacionales.

El populismo es una respuesta utilizada por sectores de la burguesía sobre toda una serie de exigencias económicas, sociales y políticas de las capas medias a las que no dan respuesta los partidos tradicionales. Esos sectores giraban en torno a los partidos de la izquierda burguesa que representaba amplios sectores de las clases subalternas, y que ahora se separan de su base social.

Hoy necesitan nuevos proyectos políticos y electorales capaces de canalizar el descontento de estas capas sociales (hacia las élites de arriba, y los migrantes abajo) contra el «enemigo», e impedir que se dirijan contra el sistema capitalista, el verdadero enemigo a combatir.

Sirven pues, los partidos burgueses de tipo nuevo, aptos en las condiciones surgidas por la gran crisis económica del 2008, de la disgregación del capitalismo, de la destrucción del «Estado de Bienestar», de la reacción y la preparación a la guerra. Sirven como fórmulas de ajuste táctico en muchos países. De estas exigencias, se forman y crecen los partidos y movimientos populistas.

El populismo sirve a la clase dominante para mantener su hegemonía, ocupando el vacío político creado por la crisis de los viejos feudos electorales, es una especie de remedo de los grandes partidos de masa de la izquierda burguesa, por su imposibilidad de representar, absorber y dirigir en un proyecto reformista, la protesta, las necesidades y los sentimientos de las capas sociales medias. Lo que significa que el fenómeno populista puede durar mucho tiempo.

El populismo puede nacer en sectores y exponentes de las clases medias, que quieren aumentar su poder con un apoyo electoral utilizando el descontento de las clases y capas sociales golpeadas por la crisis. Puede transformase rápidamente en fuerza política 5 cuando intervienen los más reaccionarias de la burguesía, la gran industria, el banco, las cumbres institucionales, como elemento organizador. La línea con la que se orienta el populismo cuando llega al poder es la de las fuerzas decisivas de la burguesía.

IDEOLOGÍA, POLÍTICA Y LENGUAJE POPULISTA

El populismo no es una ideología coherente y estructurada, sino un estilo político, un arma de lucha política de partidos y movimientos burgueses y pequeños burgueses que quieren ocupar un espacio político para alcanzar sus objetivos. Este estilo se basa en algunos elementos ideológicos y utiliza formas de comunicación con fraseología ampulosa, disfrazada de popular, con la que tratan de unificar y movilizar capas sociales generalmente pasivas o desmoralizadas.

1. Los populistas niegan la existencia de las clases y su lucha recíproca, niegan el desarrollo histórico de la lucha de clases y la función revolucionaria del proletariado en tanto que sujeto principal en la lucha de clases. Afirman que la sociedad está dividida, horizontalmente, en dos grupos homogéneos, el pueblo y las élites, opuestos entre sí («nosotros» y «ellos»). De aquí la sustitución de la tradicional distinción derecha/izquierda, por el esquema bipolar arriba/abajo.

2. Para los populistas la política es la expresión general de la voluntad del pueblo (la «gente común», «la gente como nosotros») y de la nación, contra las élites (los tecnócratas de Bruselas,») definidos como privilegiados, corrompidos y rapaces. Definen al pueblo como «comunidad nacional», presentado demagógicamente como depositario de valores y virtud totalmente positivos. Los populistas se presentan como los legítimos representantes del pueblo y la nación, los únicos que pueden interpretar la soberanía y la voluntad popular y nacional, en oposición a los «enemigos exteriores».

3. Sobre el plan de la acción política, los populistas se muestran como el anti-partido (aunque son un partido), contrapuesto a la «vieja política» y a los «políticos profesionales». Usan formas políticas estructuradas verticalmente (si bien preconizan la «organización horizontal», y de «horizontalidad») alrededor de un jefe carismático, formado profesionalmente para llevar a cabo «hazañas políticas». El estilo de comunicación de estos populistas es el llamamiento directo y teatral al pueblo (especialmente a los sectores sociales no organizados), basado en una retórica populachera y demagógica. Tratan de sintonizar con el estado de ánimo de las masas descontentas y decepcionadas por los demás partidos. Utilizan el miedo social, aprovechan las demandas de protección y seguridad social contra la globalización, el neoliberalismo, etc. Concentran los «ataques» contra las élites, la casta, los de «arriba», y en algunos países como Polonia, Austria, Hungría, Italia y otros, contra el «grave peligro» que constituyen los migrantes. Crean falsas expectativas económicas y sociales, hacen promesas de medidas favorables a las masas, que no pueden ser realizadas por el respeto, entre otros, a los tratados de la UE. Ofrecen soluciones pragmáticas, inmediatas para los problemas existentes, sin señalar claramente las causas estructurales de los problemas. Los populistas manejan diversas formas y medios de comunicación política: blog, Facebook, Twitter, internet, las calles, la comunicación individual, la televisión, los periódicos, etc. Utilizan un lenguaje y consignas simplistas, técnicas de agresión verbal, amenazas, provocaciones. El objetivo es siempre el de conquistar los sectores golpeados por la crisis y movilizarlos en función de determinados objetivos políticos. El radicalismo verbal de los populistas no corresponde a ningún programa de derrocamiento de las relaciones sociales y propiedad existentes, sino s a una sustitución de los personajes en el gobierno, y aplicación de medidas más reaccionarias (debidamente camufladas).

4. Los populistas mezclan diferentes teorizaciones, como el neoliberismo, el chovinismo, el racismo y el anticomunismo, para coagular fuerzas políticas reaccionarias y conseguir una más amplia base de masas. Existe una combinación particular de populismo y nacionalismo burgués, que representa un gran peligro para la clase obrera y el proceso revolucionario, y un factor de preparación a la guerra. El tema central para la afirmación del chovinismo populista es el de la reconquista de la «soberanía perdida.» El eslogan preferido es «América lo primero», (o Francia, Italia, etc.). El componente nacionalista es el que sirve directamente a las clases dominantes de cada país; otras variedades de populismo sirven para sumar diferentes corrientes, conquistar masas y construir alianzas políticas.

Los partidos populistas son fundamentalmente electoralistas con una organización versátil, dispuestos a realizar todo tipo de alianzas para llegar al poder sin subvertir el sistema capitalista. A menudo utilizan consultas populares o plebiscitos, para deslegitimar y modificar algo el sistema parlamentario burgués. Cuando los populistas llegan al poder se identifican con el Estado («el Estado somos nosotros»). Afirman que sólo reforzando el Estado burgués pueden ser tutelados los intereses del pueblo. Pretenden ser ellos los únicos representantes de la voluntad popular, se empeñan en ocupar los aparatos estatales y mantener el poder en nombre del «pueblo», excluyendo a los partidos adversarios. O sea, son profundamente antidemocráticos, rechazan la legitimidad política y moral de otras fuerzas políticas, buscan el monopolio absoluto de la representación política en el sistema burgués.

EL POPULISMO DE «IZQUIERDA»

Como hemos visto, no hay un solo populismo, con unos conceptos generales y una ideología coherente. Se dan diferentes versiones de «populismos» de derecha y de «izquierda», que, en definitiva, sirven de una u otra manera a sectores de la burguesía.

Aunque los populistas apliquen el mismo estilo político, hay entre ellos diferencias sustanciales que deben ser tenidas en cuenta.

Son evidentes los sentimientos que las distintas formas de populismo utilizan para movilizar a los electores: el miedo a los extranjeros, utilizado por los derechistas; la esperanza en un futuro mejor y la solidaridad, por los de izquierda. Lo primero se distingue por el odio, el rencor, el egoísmo y la indiferencia; el segundo, en teoría, parlotean sobre la «justicia y la igualdad», la defensa del «Estado de bienestar», la acogida de los migrantes, la «democracia participativa», la reducción de las diferencias de ingresos, etc.

Estas diferencias ponen de manifiesto la dualidad de la pequeña burguesía, que es a la vez reaccionaria y progresista, según sus intereses del momento, y su posición en relación al capital. Por lo tanto, es necesario tener en cuenta y analizar los diferentes aspectos del populismo, sin meter a todos en el mismo saco.

Los populistas pequeños burgueses, hablan y pontifican sobre «el pueblo», la «gente», «la ciudadanía», (evitando palabras como «proletariado», «lucha revolucionaria») todo ello de forma ambigua, sin precisar sus objetivos. Critican, al gobierno de su país y su anhelo es llegar a los parlamentos burgueses, mediante elecciones. En sus programas electorales y proclamas, no mencionan la necesidad de un cambio de régimen, y menos aún de revolución.

En ningún programa electoral plantean un cambio de régimen, sino mejorar el actual. Si plantean algún cambio en las leyes electorales, es sobre cosas secundarias y sobre todo para lograr arreglos que les permita a ellos sumar parlamentarios. Nada sobre el proletariado, nada, salvo frases hechas fuera de contexto.

Sobre la lucha sindical, su táctica es la misma que, en líneas generales, es de simple palabrería, intentar copar puestos de responsabilidad, y al no conseguirlos menospreciar y abandonar esa lucha de primera importancia, ignorando la célebre advertencia de Lenin:

«No actuar en el seno de los sindicatos reaccionarios, significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrollada o atrasadas a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía…»

No teorizan ni explican el porqué de su conducta ante la lucha contra el reformismo sindical, no tienen en cuenta, o menosprecian, que, en los sindicatos, pese a los dirigentes oportunistas, es donde está en buena parte el proletariado consciente. Mas para los populistas, de todo tipo, lo que cuenta ambiguamente, es la «gente», los de «abajo», no el proletariado.

La confusión al nivel de las referencias políticas e ideológicas de los jefes populistas de izquierda, es significativa: algunos se definen como «marxistas», otros «de izquierda.» Critican los excesos del neoliberalismo para promover un capitalismo «democratizado.» En ningún caso plantean liquidar la dominación de la oligarquía financiera y el capitalismo.

Un rasgo distintivo de los populistas de izquierda, en los países imperialistas, es que niegan el carácter imperialista del propio país. Desconectan la cuestión de la salida de la UE de la cuestión de la revolución proletaria para liquidar el yugo imperialista. Proponen nuevas «áreas alternativas» entre países capitalistas e imperialistas.

No reconocen la responsabilidad en la gestación y aparición de la grave situación de la propia burguesía, sino sólo el de la Troika, o de otras burguesías imperialistas. El enemigo principal siempre está «fuera del país». Se puede decir que son soportes de la propia burguesía, buscan alianzas con sectores de la clase dominante, ocultan o minimizan los antagonismos de clase.

Las fuerzas populistas de izquierda no efectúan un análisis de clase marxista, sino que ven las contradicciones de clase existentes, de forma interclasista y sociológico.

Ponen al mismo nivel los sectores reaccionarios de la media burguesía y los sectores oprimidos o explotados de la pequeña burguesía, que pueden ser inmovilizados o alejados de las clases dominantes.

Los populistas de izquierda rechazan la revolución y el socialismo, buscan una «tercera vía» y van inevitablemente hacia el pantano reformista, compiten en el terreno de la burguesía. Caen sistemáticamente en el nacionalismo y están dispuestos a pactar la unidad nacional con la burguesía en situaciones de «emergencia».

El populismo de izquierda lleva a cabo una actividad particular: La de desviar a la clase obrera y a las masas populares de la lucha consciente contra el poder del capital en sus diversas formas.

El objetivo de esta forma de populismo es impedir el desarrollo de un movimiento revolucionario de masas dirigido por el proletariado, impedir que las masas obreras y populares tomen conciencia de clase, revolucionaria. Por lo tanto, que dirijan sus reivindicaciones hacia objetivos compatibles con la sociedad capitalista.

POPULISMO Y CLASE OBRERA

Los movimientos populistas se dirigen especialmente a las clases sociales medias, reflejan sus intereses y puntos de vista. Empero, también desarrollan una política demagógica hacia los obreros, de las capas inferiores, menos organizadas y más explotadas. Una política que combina la más cínica demagogia social con un falso patriotismo.

Los populistas abordan la protesta obrera y popular en un período histórico en el que la conciencia de las clases trabajadoras está a un nivel bajo, y en el que la lucha de clases no asume necesariamente las formas y aspectos tradicionales de «izquierda».

El populismo puede asumir una función importante para la burguesía: el de alejar a la clase obrera y a las masas populares de la vía revolucionaria, en una fase en la que se dan condiciones objetivas para su recuperación con una perspectiva revolucionaria. En otras palabras, frenan y retrasan el desarrollo del factor subjetivo, en particular la organización de clase, creando falsas expectativas con programas sociales y personajes de tipo reaccionario.

En estrecha conexión con los postulados neoliberales, los partidos populistas desorganizan a los obreros y sus organizaciones, los deslegitiman, así como disgregan los partidos tradicionales. La línea de los partidos populistas es la de «lavarse las manos», «no intervenir entre trabajo y empresa», de la «uberización», a menudo en nombre de la defensa de sectores sociales excluidos por la representación sindical. Atacan a los sindicatos en cuanto organizaciones primarias de la clase obrera, niegan la clásica organización de partidos obreros de masas. Tratan de hacer prevalecer el individualismo y el corporativismo, las «reformas sin negociaciones» y ninguneando el papel de los sindicatos.

¿Qué elementos utiliza el populismo para avanzar? Las necesidades reales, minimizadas por los tradicionales partidos liberales y reformistas: la pobreza de los trabajadores, la inseguridad de la vida y trabajo; la falta de protección social; los bonos para los desempleados; la exigencia de pensiones decorosas; los impuestos elevados; la corrupción de las clases dirigentes; el super-poder de la oligarquía financiera; las crecientes diferencias sociales; la competencia producida por la súper explotación de los trabajadores inmigrados, etc. Claramente los populistas proponen respuestas reaccionarias y ficticias a estos problemas, sin cuestionar los pilares del sistema de explotación.

El populismo explota hábilmente el resentimiento, el malestar, la rabia de los obreros y los jóvenes parados y precarizados. Los obreros votan a los partidos populistas por dos motivos fundamentales: con la falsa esperanza de que solucionarán algunos problemas; y para castigar a los partidos reformistas responsables de las medidas anti-obreras y de austeridad, de la vergonzosa colaboración de clase. Eso hace que los populistas de derecha pueden fácilmente aprovechar las expectativas y la protesta obrera, del odio contra la oligarquía, a veces utilizando consignas y demandas de izquierda.

ORIENTACIONES DE TRABAJO Y LUCHA

La lucha de los comunistas (m-l) contra el populismo no puede ser confundida con la que los partidos burgueses y reformistas llevan también a cabo contra ese populismo. Se basa sobre principios y contenidos ideológicos y políticos completamente diferentes y opuestos, y debe ser desarrollada cotidianamente con un método eficaz para conquistar la vanguardia obrera y orientar a las masas hacia posiciones revolucionarias.

Es una lucha contra la ideología y la práctica reaccionarias pequeño burguesa que constituye un obstáculo serio para el desarrollo y la propagación del socialismo científico entre las masas explotadas y oprimidas.

Para desarrollar esta lucha tenemos que ver el populismo como un obstáculo para el desarrollo del movimiento de la clase obrera y denunciar constantemente el rol que ejerce para salvar el sistema capitalista.

El populismo no puede suprimir las contradicciones entre burguesía y proletariado, las contradicciones entre el contenido de clase de su política y las necesidades y aspiraciones de la clase obrera, como tampoco puede suprimir las contradicciones internas de la clase dominante.

Con el populismo en el poder, el Estado no pierde su naturaleza de clase, la explotación no disminuye, aumenta; la presión sobre la clase obrera crece, los logros y derechos de los obreros y sus organizaciones son un blanco constante de los populistas; la represión y la violencia patronal se acentúan. El populismo no disminuye las contradicciones de clase, sino que las agudiza.

Ya que el populismo se dirige al «pueblo», la lucha contra la ideología y la política populista y nacionalista, ha de ser llevada también al movimiento obrero y popular. El problema es contrarrestar la influencia y la hegemonía de los populistas en nuestro campo, con un amplio trabajo de masas, sin esconder la naturaleza y los objetivos de nuestros Partidos.

Para desarrollar esta lucha es necesario vincular estrechamente la denuncia política a las exigencias y reivindicaciones concretas y urgentes de los trabajadores y los desempleados, adecuadas al actual nivel de conciencia y a los sentimientos de las masas oprimidas y explotadas.

Debemos oponer a la demagogia populista la propaganda comunista, de manera sencilla, comprensible, para los obreros y los jóvenes proletarios, las mujeres, los pobres, colocando sus intereses reales en el centro de nuestra acción.

Frente al crecimiento del populismo y el fascismo, el trabajo por el desarrollo de la política de frente único proletario, y del frente popular, es imprescindible.

La táctica de frente único de lucha obrera contra el capitalismo, es la piedra de toque para luchar contra el populismo, su política interclasista y colaboracionista. Cada paso que demos en ese sentido para lograr la unidad de acción entre los obreros en general, contra el capitalismo, es un paso más para impulsar luchas más amplias y decisivas.

Hay que acosar al populismo en su mismo terreno, por ejemplo, sobre sus promesas electorales, especialmente si está en el gobierno. Nuestra tarea es desenmascarar la demagogia populista, desenmascarar a sus jefes, sus mentiras, mostrar a los trabajadores que son la vieja política remozada, que su objetivo es llegar al poder donde nada van a cambiar.

Debe ser denunciada su sumisión a los organismos internacionales del imperialismo (UE, BCE, FMI, OTAN, etc.), y a los tratados internacionales antipopulares, los acuerdos que firman con las potencias imperialistas y los monopolios.

En nuestra propaganda debemos aclarar el carácter interclasista del populismo y sus desastrosas repercusiones sobre los trabajadores. Debemos explicar que en «primer lugar» de su política no se plantean los intereses del pueblo, y mucho menos los de los trabajadores.

Nos corresponde descubrir sin piedad la demagogia y la retórica de los populistas, la falsedad de su popular-patriotismo, las frases chovinistas que enmascaran el fondo 10 antiobrero, imperialista y belicista de su política, demostrando que los populistas son veladamente antidemócratasy antinacionales.

Los jefes populistas en el poder tienen muchos puntos vulnerables, porque la crisis capitalista les arrebata las demagógicas propuestas o medidas económicas, y sus ofertas a las masas empiezan a disminuir, se les caen «proyectos bandera» y cuando se ven obligados a aplicar las tradicionales políticas de ajuste burgués para sortear la crisis, esta golpea crudamente a los trabajadores y los pueblo.

Este trabajo es necesario llevarlo a las organizaciones de masas, especialmente a los sindicatos, tanto para desarrollar la defensa de las organizaciones de la clase obrera, como para discutir con los obreros que votan a los partidos populistas, explicar sus errores e ilusiones, trabajar para unirlos en la lucha común con otros sectores.

Existe una relativa confusión entre los trabajadores. Debemos, pues, trazar una línea clara y neta entre la base electoral y la cumbre populista a la que debemos atacar continuamente. Nuestros enemigos son las organizaciones populistas, de extrema derecha, fascistas, no los obreros y las masas que los votan.

Es de gran importancia para nuestra lucha, la formulación de reivindicaciones de clase, concretas e inmediatas, adecuadas a la situación existente. Crear plataformas y establecer las alianzas más amplias en torno a estas demandas, son componentes vitales de la acción de lucha contra los populistas.

Al mismo tiempo se necesita sacudir, luchar, contra la pasividad política y el «esperar a ver», que se refleja en frases como «dejemos que gobiernen», «veamos cuánto duran», etc. Esa actitud facilita el avance de las fuerzas populistas. Por tanto, es necesario involucrarnos en la actividad militante, cotidiana, en la participación organizativa en las luchas obreras, utilizando todas las posibilidades por pequeñas que sean.

Otro aspecto importante es el trabajo para tratar de desgajar del populismo a sectores de la pequeña burguesía. Lograr influir en estas capas descontentas y políticamente inmaduras, es uno de los problemas más importantes en la lucha contra la reacción política.

Hay que elaborar reivindicaciones de carácter económico y democrático, para lograr aliados del proletariado y aislar a los componentes más reaccionarios y peligrosos de la pequeña burguesía. Debemos plantear argumentos y análisis claros sobre los problemas de actualidad para convencer a los trabajadores de que el populismo no es la respuesta a los problemas existentes.

Es necesario esforzarse en la construcción de frentes o alianzas, bloques, coaliciones, etc., de carácter popular, antifascista y antiimperialista, que aúne, bajo la dirección del proletariado, a los trabajadores de la ciudad y el campo,(ya sean autóctonos o migrantes) las masas de las nacionalidades oprimidas, las auténticas fuerzas progresistas y demócratas, sobre la base de un programa de reivindicaciones específicas de estos sectores de trabajadores, que estén en línea con los intereses fundamentales el proletariado.

Sobre el plan de la táctica debe ser tenida en cuenta la diferencia de actitud a tomar respecto a los movimientos populistas de derecha e izquierda, y respecto a los grupos y partidos fascistas.

No es lo mismo una organización reformista, oportunista, que una organización de ultraderechistas, de nazis, reaccionarios hasta la médula de los huesos, aunque traten de llegar a las masas populares.

Se puede coincidir en un momento determinado, de cara a unas elecciones locales, por ejemplo, o en reivindicaciones estudiantiles, con organizaciones populistas de izquierda, en momentos tácticos, concretos y definidos. Pero con los fascistas la coincidencia no es posible, no sólo no es posible, sino que hay que llevar a cabo una lucha ideológica y política continua. Hay que tener en cuenta siempre a qué clase o clases sirven.

Se dan coincidencias entre esos movimientos populistas de «izquierda», pero no es posible generalizar una táctica común frente a todos ellos. Aunque no todos, esos movimientos generalmente, ningunean el papel esencial de la clase obrera, niegan u ocultan la lucha de clases, del proletariado, e incluso aquellos movimientos con los que se puede coincidir tácticamente en una situación concreta, hacen todo lo posible para que no aparezca el nombre de las organizaciones comunistas.

Es evidente que debemos ser muy claros en nuestros planteamientos en cada lugar o país, seguir una táctica apropiada, analizar cuidadosamente las propuestas y posiciones, incluso las reivindicaciones y consignas democráticas de los populistas de tendencia progresista, que deben ser desarrolladas con precisión y profundidad a favor de la clase obrera.

No se puede negar, sería absurdo hacerlo, que esos movimientos saben aprovechar la debilidad ideológica de las masas, y en algunos lugares consiguen influir en ellas. Esto nos plantea la necesidad de estar muy atentos a los planteamientos de los populistas, y con habilidad y firmeza difundir las reivindicaciones básicas de la clase obrera y el pueblo en general.

Tengamos en cuenta la cuestión esencial: la consolidación y el desarrollo de nuestros partidos y organizaciones, la construcción de fuertes partidos marxista-leninistas.

No podemos polemizar contra los movimientos populistas acusándolos de no ser marxista-leninistas, de no ser verdaderos partidos revolucionarios.

Esta tarea ha de ser llevada a cabo por los partidos revolucionarios de la clase obrera, armados con la teoría del socialismo científico. Esto es el factor fundamental de la lucha contra la burguesía y la reacción, incluido el populismo. Agosto de 2018 (Documento basado en la discusión sobre el populismo, de la reunión de partidos y organizaciones marxista-leninistas de Europa, en junio de 2018)