Las contradicciones fundamentales de la época se agudizan y el escenario actual ofrece condiciones más favorables para la actividad revolucionaria de nuestros partidos

En la Declaración Final aprobada por la XXIX Plenaria de nuestra Conferencia, reunida en octubre de 2024, señalamos que «el mundo atraviesa un momento complejo, caracterizado por la agudización de la crisis general del sistema capitalista. La confrontación inter imperialista, la disputa de los monopolios y los estados de las economías capitalistas-imperialistas más desarrolladas se han desarrollado al punto que han visto en la guerra el medio para resolver sus divergencias.

[…] Los efectos sociales negativos provocados por la explotación capitalista reciben el repudio de los trabajadores, la juventud, las mujeres y los pueblos. Masivas movilizaciones, huelgas de trabajadores, levantamientos populares se producen en contra de las políticas de ajuste implementadas por los gobiernos de la burguesía, sean estos liberales, neoliberales, socialdemócratas o ‘progresistas’».

El actual escenario económico, político y social evidencia que estos y otros problemas, inherentes a la naturaleza del sistema capitalista-imperialista vigente, se han intensificado. Vivimos en un mundo convulsionado, donde las contradicciones fundamentales de la época se hallan exacerbadas.

Uno de los rasgos más distintivos de la arena internacional actual es el recrudecimiento de la agresividad del imperialismo estadounidense. La presencia de Donald Trump en la Casa Blanca ha profundizado las contradicciones inter-imperialistas —incluidas aquellas con sus aliados tradicionales—, pues su consigna de “Hacer a América grande otra vez” constituye, en los hechos, un grito de guerra de los más poderosos monopolios internacionales y de los sectores más reaccionarios de la oligarquía imperialista estadounidense, orientado a recuperar los espacios que Estados Unidos ha perdido en el escenario económico y político mundial durante los últimos años.

Su política arancelaria abrió un nuevo capítulo en la guerra comercial. Aunque está pensada para incrementar los ingresos fiscales de los EEUU y, principalmente, para golpear las economías de sus más fuertes competidores en el comercio internacional, los efectos negativos se sienten —y continuarán sintiéndose— también en los propios Estados Unidos.

Se estima que, a mediano y largo plazo, esta política arancelaria reducirá el Producto Interno Bruto, PIB, de los Estados Unidos en cerca de un 6 % y de los salarios aproximadamente un 5 %.

Con el incremento de los aranceles, aumentan los costos de producción y se encarecen los precios de los productos en los mercados internos e internacionales, de modo que son los trabajadores quienes terminan soportando las consecuencias de esta política: en los hechos, se reduce su capacidad adquisitiva y disminuyen los salarios reales.

Los países más afectados son aquellos con economías dependientes de las exportaciones de bienes manufacturados o productos agrícolas con EE. UU.

La Organización Mundial de Comercio, OMC, prevé que —debido a esa política de EE. UU. y a las reacciones similares de otros países— se produzca una desaceleración del comercio mundial. Otros organismos internacionales han pronosticado una disminución en el ritmo de crecimiento de la economía mundial para los años 2025 y 2026.

La previsión de crecimiento del comercio de mercancías para 2025 es de 2,4 %, frente al 2,2 % del 2024; sin embargo, la OMC proyecta que en 2026 el crecimiento del comercio de bienes se desacelerará notablemente, hasta 0,5 %.

Donald Trump ha retomado el uso desembozado de la amenaza de intervención militar como instrumento para someter a quienes expresan desacuerdos o resisten sus políticas intervencionistas. Advirtió con intervenir militarmente para «recuperar» el control del canal de Panamá, se ha expresado en términos similares respecto a su propósito de anexar Groenlandia y el Polo Norte. Persisten sus amenazas contra Rusia e intenta llegar a un acuerdo con esta para repartirse Ucrania. Apoya económica y militarmente a Israel para arrasar Palestina, entre otras acciones.

De las amenazas a Irán por mantener y desarrollar su programa nuclear, pasó a bombardear tres plantas nucleares iraníes como parte la «Operation Midnight Hammer», lanzada en junio de 2025 contra la infraestructura nuclear de ese país, con el propósito de fortalecer los ataques del sionismo israelí en su ofensiva contra Irán.

El imperialismo estadounidense no solo es el soporte principal del genocidio sionista en Gaza y de las intervenciones militares en países de la región como Líbano, Siria, Yemen e Irán; es el planificador y orientador de estas acciones del sionismo. Trump manifestó que tenía en planes convertir la Franja de Gaza en la «Riviera de Oriente Medio», lo que significaría el desplazamiento de todos sus habitantes, coincidiendo así con los propósitos de Netanyahu.

Este plan para apoderarse de Gaza forma parte de un proyecto más amplio destinado a dividir y desmembrar los Estados de la región en el marco de lo que se denomina «el nuevo Oriente Medio», siguiendo líneas religiosas, comunitarias y étnicas, con el fin de perpetuar el dominio estadounidense en la región, garantizar la supremacía de «Israel» sobre sus vecinos y neutralizar a otras fuerzas imperialistas rivales, concretamente China y Rusia.

El alto el fuego en Gaza, aprobado el pasado 9 de octubre, no implica la llegada de la paz ni en Gaza ni en toda Palestina. El sionismo israelí mantiene la amenaza de continuar sus operaciones militares —y, de hecho, estas han persistido en la zona—. Israel no renuncia a sus planes de ocupar todo el territorio palestino. El régimen de Netanyahu ha sentido la enorme presión internacional en rechazo al genocidio, y ese ha sido uno de los factores que incidieron en su decisión de aceptar el cese de las operaciones militares.

Desde fines de agosto, EE. UU. movilizó una flota naval al Caribe Sur, lo que ha sido denunciado como preparativos para una invasión a Venezuela.

La ideología racista, supremacista blanca y xenófoba orienta la política antimigratoria de EE. UU. Más que una cacería a los migrantes indocumentados, se ha declarado una guerra contra ellos. Aquí se manifiesta el perfil fascista de la facción más agresiva de la oligarquía encabezada por Trump.

La fuerza de los aparatos represivos actúa sobre millones de trabajadores que generan riquezas tanto para ese país como para los de su origen. La brutal actuación de la policía del ICE contra los migrantes está provocando un rechazo abierto, tanto dentro de los propios Estados Unidos como a nivel internacional.

Estos acontecimientos se han desarrollado de tal manera que ya no constituyen solo un conflicto entre los migrantes y el gobierno estadounidense, sino entre los trabajadores y el pueblo de Estados Unidos frente a su propio gobierno. La visión militarista con la que este actúa en las relaciones internacionales la está aplicando también en el ámbito interno: ante la protesta que se extiende en varios estados, Trump ha calificado a algunas ciudades como zonas de guerra y ha enviado tropas militares para controlar a la población.

El imperialismo estadounidense ha declarado la guerra a su propio pueblo.

Es evidente que el proceso de decadencia de Estados Unidos como potencia hegemónica comenzó hace casi una década. En la actualidad, China es la única potencia con la capacidad y la intención de disputar esta hegemonía al imperialismo estadounidense.

En el año 2010, China se convirtió en la segunda economía más grande del mundo. Actualmente, la diferencia entre la participación de EE. UU. y China en el PIB mundial es de apenas un 6 %, a favor del primero (25 % y 19 % respectivamente). Se estima que en los próximos diez años, el PIB de China superará al de Estados Unidos. En el mismo período, India se posicionaría como la tercera economía más grande del planeta.

Sin embargo, si para calcular el PIB se lo ajusta a Paridad por Poder Adquisitivo, PPA, China es ya la mayor economía del mundo. Bajo ese parámetro, las diez economías más grandes son: China (19 %), EE. UU. (15,2 %), India (7,75 %), Japón (3,65 %), Alemania (3,11 %), Rusia (2,84 %), Indonesia (2,56 %), Brasil (2,31 %), Francia (2,18 %), y Reino Unido (2,17 %).

La participación de China en la producción industrial global, en 2024, fue del 31, 6 %, ubicándose en primer lugar, mientras que la de Estados Unidos fue del 15, 9 % y se ubicó en segundo lugar. Luego están Japón 6,5 %, Alemania 4,8 %, India 2,9 %.

La base material y técnica de la industria china es profundamente nueva y superior a la de Estados Unidos y otras potencias occidentales porque se ha edificado en la última década sobre tecnologías de punta, infraestructuras modernas y una planificación estatal orientada a la innovación. Mientras las industrias occidentales cargan con estructuras envejecidas, altos costos y procesos fragmentados, China ha desarrollado ecosistemas industriales integrados que combinan inteligencia artificial, robótica, manufactura avanzada y cadenas logísticas digitales. Esta base tecnológica, consolidada en sectores estratégicos como la microelectrónica, la energía verde y la producción automatizada, constituye hoy su mayor ventaja.

Estados Unidos y China controlan el 25 % del comercio mundial de exportaciones e importaciones. EE. UU. participa aproximadamente con el 13 % del volumen total, mientras que China lo hace con el 12%. De acuerdo con la información de la OMC, China está a la cabeza en exportaciones de bienes, con el 14, 2 % del comercio mundial, Estados Unidos en segundo lugar con el 8,5 % y sigue Alemania con el 7,1 %. En cuanto a importaciones, Estados Unidos se ubica primero, con el 13, 2 % del volumen global, le siguen China con el 10,6 % y Alemania con el 6,1 %.

El capital financiero de China recorre los cinco continentes. Según el portal el Grant Continent, China es actualmente el mayor acreedor bilateral del mundo, prestando más que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial juntos. En los últimos veinte años, China ha proporcionado 240.000 millones de dólares en «financiamiento de emergencia». Con esto, ha reemplazado a Estados Unidos en el «rescate» de países de ingresos bajos y medios que se encuentran endeudados.

Sólo en préstamos públicos y con garantía estatal, un análisis de 620 préstamos oficiales revela un compromiso de 418.000 millones de dólares en préstamos colaterizados entre 2000 y 2021. Para el año 2025, tiene programados pagos por 22.000 millones de dólares.

En cuanto a la Composición Monetaria de las Reservas Oficiales de Divisas continúa el predominio del dólar estadounidense, a pesar de que ha ido perdiendo terreno. En el año 2000, alrededor del 71 % del total de reservas estaban en dólares estadounidenses, a fines de 2024 disminuyeron a alrededor del 58 %, es decir, una caída de 13 puntos porcentuales.

Otro dato muy importante, al respecto, es que el 88 % de las operaciones en el mercado de divisas se realizan en dólares estadounidenses.

Un asunto importante a considerar es que, aunque el dólar sigue siendo la moneda de liquidación más utilizada, China es el país que más comercia y ha adoptado la política de establecer el yuan (o renminbi) como moneda para sus transacciones comerciales.

El imperialismo estadounidense considera a China como su principal enemigo. Para enfrentar esta situación, EE. UU. ha articulado una estrategia integral que abarca los ámbitos militar, económico, político, tecnológico y diplomático. Trabaja para asegurar su presencia y dominio en el Indo-Pacífico, región que Washington considera centro de la competencia estratégica.

Con ese propósito, EE. UU. trabaja activamente en la creación y el fortalecimiento de alianzas, pactos de seguridad y operaciones militares conjuntas para formar un frente de contención contra China:

  • AUKUS: Pacto de seguridad con Australia y el Reino Unido enfocado en la transferencia de tecnología de submarinos de propulsión nuclear.
  • Quad: Un diálogo de seguridad con Japón, India y Australia para cooperar en seguridad marítima y no tradicional.
  • Alianza con Filipinas: Refuerzo del Tratado de Defensa Mutua, incluida la reactivación de bases militares en Filipinas para contrarrestar la asertividad china en el Mar del Sur de China.
  • FONOP (Operaciones de Libertad de Navegación): Son operaciones navales y aéreas efectuadas por la Marina de los Estados Unidos en áreas cercanas a las islas reclamadas por China en el Mar del Sur de China, buscando desafiar sus reivindicaciones territoriales.

Además, Estados Unidos mantiene el apoyo a Taiwán mediante el suministro de armamento sofisticado y emite frecuentes advertencias públicas sobre una posible intervención militar china en la isla.

China, por su parte, enfrenta la política de contención del imperialismo estadounidense mediante acciones y políticas que abarcan los ámbitos económico interno, externo y las relaciones internacionales.

Trabaja por expandir su presencia y sus relaciones en el escenario mundial. La Iniciativa del Cinturón y la Ruta le permite realizar millonarias inversiones en infraestructura (puertos, trenes, carreteras) en Asia, África, América Latina y Europa, asegurando cadenas de suministro de recursos y creando nuevos mercados para sus productos.

En los últimos años ha fortalecido los lazos políticos y la cooperación económica y financiera con Rusia, y juntos han conducido la acción de los BRICS en función de sus propios intereses geopolíticos. Ambos países comparten el objetico de reformar el orden internacional dominado por el imperialismo estadounidense y, en su lugar, ejercer una mayor influencia.

China realiza una intensa labor de cooperación regional, impulsa pactos comerciales y económicos, como la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), para cimentar su posición como el centro de la economía de Asia-Pacífico.

Junto a otros países, promueve una política de desdolarización en las transacciones comerciales internacional y del uso del yuan o renminbi.

En los focos de tensión, China responde con demostraciones de fuerza y medidas legales. Actúa también en el terreno militar. Promueve la militarización de las islas artificiales en el Mar del Sur de China y mantiene la presión militar, diplomática y económica sobre Taiwán para reafirmar sus reivindicaciones territoriales. Hace poco, el 3 de septiembre de 2025, China hizo una demostración de su enorme capacidad bélica, particularmente los desarrollos tecnológicos en la industria militar.

Con un presupuesto militar de 270 000 millones de dólares para 2025, China ocupa el segundo lugar en gasto militar, solo superado por Estados Unidos, cuyo presupuesto asciende a 962 000 millones de dólares para el mismo año.

Los países de la Unión Europea han perdido peso e influencia relativa en el escenario mundial en comparación con décadas anteriores. No es una pérdida absoluta, la UE en su conjunto sigue siendo una potencia significativa.

La tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto de la Eurozona ha sido consistentemente inferior a la de Estados Unidos y China. Esto se traduce en una reducción de la participación de la UE en el PIB mundial. Se ha rezagado en la inversión en tecnologías clave (como la inteligencia artificial y los semiconductores) y enfrenta una menor productividad laboral en comparación con EE. UU., afectando su competitividad a largo plazo.

La crisis energética y las interrupciones bruscas en las cadenas de suministro tras la invasión de Ucrania y la pandemia resaltaron la vulnerabilidad de la UE y su dependencia de fuentes externas de energía y materias primas, debilitando su posición de negociación global.

En África, América Latina y Asia, Europa ha perdido influencia frente a China, Rusia, Turquía e incluso India, que han ampliado su presencia económica y política.

La guerra de Ucrania ha reafirmado la subordinación de la Unión Europea a la agenda geopolítica de Estados Unidos; la OTAN, dominada por Washington, continúa marcando el rumbo de la acción militar europea. Bajo la presión estadounidense, han incrementado sustancialmente sus presupuestos de defensa, comprometiéndose a elevar el gasto militar en los próximos años. No obstante, persisten importantes contradicciones entre la UE, sus Estados miembros y el propio imperialismo estadounidense, especialmente en los terrenos económico, comercial, energético y diplomático. Alemania, sin alejarse y menos aún confrontar con EEUU, busca aprovechar la situación para su propio beneficio.

Francia y varios sectores de Alemania hablan de la necesidad de una «autonomía estratégica europea» que no existe plenamente, pero que expresa divergencias con EE.UU. El presidente francés, Emmanuel Macron, plantea fortalecer un pilar europeo dentro de la OTAN; y, hay países —como Polonia y los bálticos— que muestran mayor beligerancia y son partidario de una respuesta conjunta contra Rusia.

En el contexto de la guerra en Ucrania, se ha profundizado el proceso de militarización de la vida en la UE, que abarca los ámbitos económico, institucional, presupuestario, cultural, entre otros.

La mayoría de los Estados miembros incrementan de manera sostenida sus presupuestos de defensa; muchos países han adoptado la meta del 2% del PIB en gasto militar, alineándose con los estándares impulsados por la OTAN; la UE destina fondos propios para investigación y desarrollo militar, algo inédito hace una década.

Aunque la OTAN sigue siendo el principal marco de seguridad, la UE ha creado mecanismos propios: Cooperación Estructurada Permanente (PESCO), iniciada en 2017, que agrupa decenas de proyectos conjuntos de defensa: movilidad militar, drones, sistemas de comando, vigilancia marítima, etc; el Fondo Europeo de Defensa (EDF), que financia el desarrollo de armamento, tecnología militar y proyectos de innovación en defensa; y, el Mando Militar de la UE (MPCC), que actúa como una estructura embrionaria de un cuartel general europeo, y gestiona misiones militares en el extranjero.

El desarrollo del grupo BRICS+ genera expectativas en varios sectores. En la actualidad, tiene un significativo peso económico y político y las proyecciones para los años venideros son mayores.

Los países integrantes del BRICS+ representan el 55,61 % de la población mundial; aportan con el 42 % del PIB mundial en términos PPA y con el 40 % del comercio global. Superan, con poco, el PIB nominal del G7 (Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos). La fortaleza de este grupo obedece, principalmente, a la presencia de China.

Se estima que mantendrán una tasa de crecimiento potencial anual superior al 4 % en comparación con el 2 % del G7, lo que ampliará aún más su participación en la economía global.

El surgimiento de este grupo responde al proceso intrínseco de desarrollo y acumulación capitalista. No es —como sectores del revisionismo y el reformismo lo presentan— un «modelo de desarrollo alternativo» para los pueblos; menos aún, una alianza «antiimperialista». Es una asociación de Estados y grupos económicos que buscan expandir sus inversiones, controlar mercados, acceder a materias primas, ampliar sus espacios de acumulación en un mundo donde Estados Unidos desempeña el rol de potencia hegemónica.

En su interior se expresan tensiones y desacuerdos. Rusia y China lo conducen en función de sus propios intereses geopolíticos; India teme que la instrumentalización del grupo por parte de China y Rusia afecte sus propios intereses, y no es el único caso. A los países integrantes del grupo les une intereses particulares afectados en el contexto de un escenario internacional común.

En este grupo se combinan las necesidades particulares de sus integrantes con los proyectos geopolíticos de potencias imperialistas como China y Rusia. Por eso, las tensiones entre los BRICS y Occidente deben entenderse como una manifestación de las contradicciones inter-imperialistas.

La economía mundial mantiene un ritmo lento de crecimiento. No se ha producido la recesión mundial que algunas previsiones establecían para este año 2025; sin embargo, el crecimiento se mantiene por debajo de las tasas prepandemia.

Organismos internacionales, como el FMI, Banco Mundial y la UNCTAD proyectan bajos índices de crecimiento para 2025 y 2026, que van desde el 3,0 % hasta el 2,7 %.

Las economías capitalistas más desarrolladas (EE. UU., zona de euro, Japón, Canadá, Reino Unido) proyectan los índices más bajos de crecimiento: 1,5 % y 1,6 % en 2025 y 2026, respectivamente.

Persiste el riesgo de recesión en la zona euro, el crecimiento proyectado es de 0,8 % — 1,0 % que bordea una situación conocida como «estancamiento técnico». La responsabilidad de Alemania en esta situación es grande, en 2024 su economía cayó en recesión (-0,2 %) y las proyecciones de crecimiento para este año son, apenas, de 0,1 %. Alemania es considerada el motor industrial europeo.

El crecimiento más alto —liderado por India y China—nuevamente se concentra en las denominadas economías emergentes de Asia (4,1 % en 2025 y 4,0 % en 2026).

Aunque no existe plena coincidencia entre las distintas fuentes sobre la evolución de la producción industrial, se prevé un crecimiento moderado para 2025. Algunas estimaciones lo sitúan entre el 2 % y el 3 %, con riesgos a la baja en caso de que persistan los choques entre las economías capitalistas más desarrolladas o se produzcan nuevas interrupciones en las cadenas de suministro. Como antecedente, debe tenerse en cuenta que el crecimiento de la producción industrial fue de entre el 1 % y el 1,6 % en 2023, de entre el 1,8 % y el 2,6 % en 2024, según diversas fuentes.»

Según la Organización Mundial de Comercio, el volumen del comercio mundial de mercancías crecerá en 2,4 % en 2025, lo cual es poco probable. Las estimaciones anteriores fijaban un crecimiento de 0,9 % para este año y de 0,5 % para 2026. El salto en las previsiones para 2025 se deben a los efectos del frontloading (importaciones anticipadas ante subida de tarifas), pero eso se desvanecerá en 2026, cuando las nuevas tarifas tengan plena vigencia.

No se vislumbran mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores. En algunas regiones empeorarán debido a la disminución del poder adquisitivo de los salarios, la creciente precarización laboral, la pérdida de empleos y por la migración forzada, entre otros factores.

En mayo, la Organización Internacional del Trabajo, OIT, actualizó las proyecciones de crecimiento mundial del empleo de este año, del 1,7 % al 1,5 %. Si bien proyecta que la tasa de desempleo global se mantendrá alrededor del 5 %, un problema es la calidad del trabajo, la remuneración y la estabilidad.

Hay diferencias marcadas en los niveles de empleo, desempleo y subempleo dependiendo de regiones, niveles de desarrollo y grupos poblacionales. El desempleo juvenil tiene cifras altas: se mantendrá entre el 12 % y 13 %. Regiones como América Latina y el Caribe tienen tasas de empleo informal que superan el 50 % en varios países. Solo el 46.4 % de las mujeres en edad de trabajar a nivel mundial estaban empleadas en 2024, en comparación con el 69.5% de los hombres.

La política arancelaria de los EE. UU. pone en juego la permanencia de decenas de miles de puestos de trabajo. La OIT estima que cerca de 84 millones de empleos en 71 países están, directa o indirectamente, vinculados a demandas de consumo estadounidense. La región de Asia y el Pacífico concentra 56 millones de esos empleos. Canadá y México presentan la mayor proporción de empleos expuestos (17,1 %).

El avance tecnológico, particularmente la introducción de la Inteligencia Artificial en los procesos productivos, impulsa un desarrollo de las fuerzas productivas orientado a aumentar la productividad del trabajo y la extracción de plusvalía. En manos de los capitalistas, la IA no se implementa para liberar tiempo de trabajo ni para mejorar la vida de la clase trabajadora, sino para reducir costos laborales, intensificar el control sobre el proceso productivo y profundizar la competencia entre capitalistas. Su introducción acelera la tendencia histórica a sustituir trabajo vivo por trabajo muerto, generando desempleo estructural y ampliando el ejército industrial de reserva, lo que a su vez presiona a la baja de los salarios y precariza aún más las condiciones laborales.

Además, la IA se convierte en un instrumento ideológico y disciplinario. Las plataformas digitales, la vigilancia algorítmica y la gestión automatizada del trabajo permiten un control más exhaustivo sobre los ritmos, movimientos y comportamientos de los trabajadores, al tiempo que refuerzan nuevas formas de explotación, como el trabajo por encargo o los contratos «independientes» de corta duración en lugar de empleos permanentes a tiempo completo.

Esta situación obliga al movimiento obrero a desarrollar formas organizativas y de lucha capaces de enfrentar eficazmente las nuevas modalidades de organización del trabajo impuestas por el capital.

Al mismo tiempo, estas tecnologías permiten avanzar en mecanismos de control masivo de la población, como el reconocimiento facial y otros sistemas de vigilancia. No es casual que el ámbito militar haya sido el primer objetivo del desarrollo de la IA: su investigación y financiación se han visto fuertemente impulsadas por las necesidades de defensa y de competencia geopolítica. Hoy, los grandes monopolios tecnológicos chinos y estadounidenses dominan este sector estratégico.

La acelerada degradación ambiental que vive el planeta es responsabilidad del sistema capitalista. Esta se expresa hoy en trastornos climáticos cada vez más extremos: olas de calor sin precedentes, inundaciones devastadoras, incendios forestales masivos y una pérdida acelerada de biodiversidad. Estos fenómenos no son hechos aislados ni simples «ciclos naturales»; son el resultado directo de un modelo económico basado en la explotación ilimitada de los recursos y en la acumulación sin freno. Los países capitalistas más desarrollados han sido, históricamente, los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero, del consumo desmedido de energía fósil y de la expansión industrial contaminante. Aunque representan una minoría de la población mundial, concentran la mayor parte de la huella ecológica y han construido su riqueza sobre un patrón de producción que ignora los límites del planeta.

Su brazo ejecutor son los monopolios y grandes corporaciones transnacionales, cuyo poder económico y político les permite imponer prácticas altamente contaminantes en función de sus ganancias. Empresas de los sectores energético, minero, agroindustrial y del transporte han sido protagonistas en la destrucción de ecosistemas, la deforestación masiva, la expansión de infraestructuras contaminantes y la obstrucción sistemática de políticas ambientales profundas. Mientras externalizan los costos ambientales hacia las comunidades y los países más vulnerables, continúan promoviendo un modelo extractivista que intensifica los desastres naturales y profundiza la crisis climática global.

La explotación de las denominadas tierras raras revela la profunda contradicción del llamado «capitalismo verde», que promete una transición ecológica sin cuestionar las lógicas de acumulación que originaron la crisis ambiental. La producción de tecnologías «limpias» —como autos eléctricos, baterías de alta capacidad o aerogeneradores— depende de la extracción intensiva de minerales cuya obtención implica destrucción de ecosistemas, contaminación de suelos y aguas, y condiciones laborales abusivas en países dependientes. Así, bajo el discurso de la sostenibilidad, las grandes potencias y corporaciones trasladan los costos ambientales y sociales a otras regiones, reproduciendo relaciones neocoloniales mientras se presentan como líderes climáticos. Lejos de ser una alternativa emancipadora, este «capitalismo verde» encubre nuevas formas de despojo y profundiza la dependencia de una minería agresiva, mostrando que no habrá justicia ambiental sin transformar las bases mismas del sistema económico.

Las fuerzas de derecha, extrema derecha, ultraconservadoras, fascistas y profascistas continúan ganando posiciones en varias regiones del planeta. Se trata de una tendencia presente desde hace varios años, que en la actualidad se manifiesta con mayor agresividad.

La explicación de su crecimiento radica en la capacidad de los sectores más reaccionarios de la burguesía internacional para manipular y aprovechar en su beneficio problemas económicos y sociales provocados por el mismo sistema capitalista-imperialista, tales como la pérdida de empleos, la migración o los procesos vinculados al desarrollo de la interculturalidad y al surgimiento de movimientos que reivindican derechos sexuales, de género, etáreos, entre otros.

Particularmente en Europa y en Estados Unidos, estos partidos de derecha han logrado presentar la migración y la pluriculturalidad como amenazas existenciales a la identidad y seguridad nacional. Promueven un nacionalismo chovinista y rechazan la diversidad cultural. Utilizan a los migrantes como chivo expiatorio a quienes culpan de los problemas económicos, sociales e incluso de la delincuencia.

En América del Sur, estas corrientes políticas mantienen un discurso abiertamente anticomunista, defensor a ultranza de los preceptos neoliberales (como en Argentina y Ecuador), enaltecedor del imperialismo estadounidense y criminalizador de la acción y de la lucha promovidas por los partidos y movimientos de izquierda, así como por las organizaciones populares.

Estas fuerzas actúan abiertamente contra los derechos democráticos de los trabajadores y los pueblos, así como contra las organizaciones sindicales y los partidos de izquierda. Incluso arremeten contra instituciones propias de la democracia burguesa con el fin de tener las manos libres para imponer sus proyectos políticos reaccionarios, orientados a facilitar las condiciones que permitan incrementar la tasa de ganancia en la producción.

Las fuerzas ultraconservadoras, el fascismo son un grave peligro para los trabajadores y los pueblos, a las que debemos enfrentar con una política de unidad en el movimiento obrero y popular y con las organizaciones políticas democráticas y de izquierda.

Los partidos y movimientos reformistas y los catalogados como progresistas han perdido espacios; sin embargo, mantienen una influencia significativa en importantes segmentos de la población en diversas regiones. Su capacidad para engañar a las masas se basa en una retórica que critica el modelo neoliberal, al capitalismo salvaje e inhumano y que emplea elementos discursivos de izquierda, logrando así el apoyo en sectores de la clase obrera y de la población en situación de pobreza.

Se está produciendo una creciente militarización de la sociedad, que atraviesa los planos económico, político y social. La mayoría de los países subordinan sus presupuestos, sus políticas públicas y sus formas de gestión a los preparativos de la confrontación, reforzando aparatos represivos, criminalizando la protesta y normalizando la presencia militar en ámbitos que antes correspondían a la vida civil.

Este fenómeno es particularmente visible en los países capitalistas más desarrollados, donde el poderío militar no solo es un componente central de la política exterior, sino también un factor estructurante del orden interno. La militarización no se limita a la expansión de los presupuestos de defensa o al fortalecimiento de los aparatos armados; se expresa también en la manera en que los Estados, los medios de comunicación y las grandes corporaciones moldean percepciones, conductas y prioridades sociales en función de lógicas securitarias.

El incremento sostenido del gasto militar en Estados Unidos, la Unión Europea, Japón. China, Rusia y otros países imperialistas y capitalistas desarrollados es una señal evidente. En las últimas décadas, y especialmente tras acontecimientos como la guerra en Ucrania, las tensiones en el Pacífico o el ascenso de China, los países capitalistas de occidente han destinado porcentajes crecientes de su PIB al equipamiento militar, la modernización tecnológica y el fortalecimiento de alianzas estratégicas como la OTAN.

Simultáneamente, la militarización avanza dentro de las propias fronteras. La presencia creciente de fuerzas policiales altamente equipadas, con armamento y tácticas de origen militar, es una característica cada vez más evidente en numerosas ciudades del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, la transferencia de equipos militares a los departamentos de policía local ha provocado la aparición de fuerzas de seguridad cada vez más parecidas a unidades de combate. Esto produce un efecto directo sobre la población: la normalización de la vigilancia extrema, la represión de la protesta social y la percepción de que el conflicto interno debe ser manejado con instrumentos típicos de la guerra.

A nivel cultural, la militarización opera a través del entretenimiento, la educación y la publicidad. Industrias como Hollywood y los videojuegos mantienen estrechas relaciones con los complejos militares-industriales, reproduciendo narrativas que glorifican la guerra, el heroísmo bélico y la superioridad tecnológica. La figura del soldado se presenta como símbolo de orden, seguridad y patriotismo, mientras que los conflictos geopolíticos se simplifican para legitimar intervenciones militares o la expansión de bases en el extranjero. Esta penetración cultural contribuye a que la gente perciba la fuerza como una respuesta natural o inevitable frente a las tensiones internacionales.

Por último, la militarización también adopta formas económicas. El complejo militar-industrial constituye uno de los sectores más lucrativos del capitalismo contemporáneo. Empresas dedicadas al desarrollo de armas, sistemas de vigilancia y tecnología dual ejercen presión sobre los gobiernos para garantizar contratos multimillonarios. Esta alianza entre Estado y capital convierte la guerra y la preparación para la guerra en un motor económico, distorsionando las prioridades sociales y desviando recursos que podrían destinarse a salud, educación, vivienda o lucha contra el cambio climático.

El mundo es testigo de un ascenso de la lucha de los trabajadores, la juventud y los pueblos. Vivimos un período de creciente amplitud, masividad y combatividad en la lucha de las masas, el más intenso en más de una década. Estos acontecimientos han echado por tierra las teorizaciones burguesas, revisionistas y reformistas que aún intentan demostrar que la clase obrera y la juventud han perdido el protagonismo político que les caracterizó hasta fines del siglo pasado.

En todos los continentes se están produciendo masivas acciones de protesta contra las políticas de ajuste de los gobiernos, de la corrupción de los gobernantes, contra la guerra y por la paz, en solidaridad con el pueblo palestino, contra las diversas formas de intervención que violan la soberanía de los países — incluidas las que tienen lugar a través de los aranceles aduaneros impuestos por Donald Trump—, por reivindicaciones particulares que tienen que ver con salarios, salud, educación, vivienda, derechos democráticos y políticos. Incluso en los Estados Unidos hay protestas masivas contra la política xenófoba —practicada contra los inmigrantes—, contra la acción militar anexionista en Gaza junto con el estado nazi-sionista de Israel.

Son luchas que se expresan a través de huelgas sectoriales, paralizaciones nacionales, manifestaciones callejeras y levantamientos populares; demandan reivindicaciones particulares y también levantan banderas políticas.

La solidaridad con el pueblo palestino y la condena al genocidio cometido por el sionismo israelí han convocado a millones de hombres y mujeres en todo el mundo, particularmente jóvenes.  

Es histórica la respuesta dada por los trabajadores en Italia, con una huelga general y masivas manifestaciones en la calle. Uno de los aspectos más relevantes de esta lucha fue la negativa de los trabajadores portuarios a manejar la carga proveniente y dirigida a Israel. Ese ejemplo se extendió también a otros países.

La huelga en Italia fue una expresión de lucha política, antiimperialista e internacionalista.

En prácticamente toda Europa se han producido también masivas acciones de protesta contra los recortes presupuestarios, la militarización de la economía, por reclamaciones salariales y contra el alto costo de la vida; así mismo, en defensa de los derechos laborales y por causas globales como la protección del medio ambiente.

También se han producido acciones de masas para enfrentar a los partidos de ultra derecha, como ocurrió en Francia, Alemania, Austria o Turquía, y en Brasil exigiendo que Jair Bolsonaro sea condenado por sus intentos golpistas.  Esto evidencia la preocupación existente entre la población por el peligro que representa el ascenso de los partidos ultraconservadores, de derecha extrema y de carácter fascista.

La participación de la juventud en la lucha de los trabajadores y los pueblos, y particularmente la de los estudiantes en movilizaciones que tienen un claro contenido político alcanza expresiones destacadas. En las masivas acciones de masas y levantamientos populares que se han producido en Nepal, Marruecos, Indonesia, Perú, Myammar, Argentina, Panamá, Estados Unidos, Tailandia, Kenya, Malí, Sudáfrica, Madagscar, Turquía, entre otros, resalta la combatividad de la juventud, particularmente del movimiento estudiantil. En varios de estos países, la juventud ha enarbolado banderas políticas, combatiendo la corrupción y defendiendo los derechos democráticos. En Nepal y Perú fue la fuerza principal que provocó la caída de sus gobiernos en septiembre y octubre, respectivamente. Sin embargo, es necesario precisar, que en Nepal, el movimiento de la juventud tuvo una clara utilización por parte de la derecha.

Destaca también la lucha de los trabajadores del campo y de los pueblos originarios en varias regiones. En la India, Brasil, Irán, El Salvador, Perú, Sudán, Kenya se han producido masivas acciones de protesta por sus reivindicaciones particulares.

En América Latina, los pueblos originarios mantienen un importante protagonismo en la lucha por sus los derechos nacionales, en contra de grandes proyectos mineros y petroleros, en defensa del agua y del medio ambiente.

Los trabajadores, la juventud, las mujeres y los pueblos luchan contra las políticas aplicadas por la burguesía y sus gobiernos, así como contra las consecuencias inherentes al sistema capitalista-imperialista imperante. En esos combates se expresa su descontento y rechazo a este sistema, al mismo tiempo que manifiestan su anhelo de cambio.

Las masas trabajadoras sufren el efecto de una fuerte ofensiva ideológica y política del imperialismo y de la burguesía internacional. El resultado es una mayor dispersión ideológica y política, particularmente entre los jóvenes que han sido ganados por tendencias como el pragmatismo, hedonismo, individualismo, consumismo, entre otras, que dificultan la actividad política revolucionaria.

Esta ofensiva la desarrollan aprovechando los más variados medios e instrumentos; forma parte del ejercicio de dominación ideológica de la clase dominante.

El desarrollo de las tecnologías de la comunicación (telemática, redes sociales y otras plataformas virtuales) facilita la proliferación de valores burgueses, el reforzamiento de las concepciones ideológicas burguesas y la enajenación de la gente de sus propias realidades.

Hay una sobreabundancia de mensajes en el internet que crea la ficción de que ahora la gente se encuentra mejor informada. Abundan las fake news, la información basura que se la consume como si brindara criterios innovadores, «reveladores de realidades ocultas»

El mundo de la información neoliberal es presentado como el mundo de la libertad, cuando en realidad es un instrumento de dominación.

Lo anterior no debe llevarnos a condenar el desarrollo tecnológico, ni en este ni en ningún otro ámbito de la sociedad. Estamos en la obligación de utilizar y aprovechar estos avances y herramientas para difundir nuestras ideas, concepciones y política revolucionarias. Pueden y deben ser medios para impulsar de nuestra propia ofensiva ideológica y política.

Desde hace algunos años, la derecha y la extrema derecha hablan de la llamada «guerra cultural», que funciona como instrumento para justificar una ofensiva reaccionaria en distintos ámbitos de la vida social. Afirman librar una batalla por la defensa de la tradición, la familia, la identidad nacional, pero en realidad buscan revertir avances democráticos conquistados por los movimientos feministas, indígenas, sindicales, LGBTI y antirracistas. Presentan estos movimientos como amenazas externas o «enemigos internos», con el fin de polarizar a la sociedad y consolidar una base política disciplinada alrededor de valores conservadores.

Este discurso no solo pretende controlar la producción de ideas, sino también distraer a las masas trabajadoras de los conflictos económicos reales: la explotación, la precarización y la creciente concentración de la riqueza. Es una estrategia política destinada a defender el orden capitalista, erosionar derechos democráticos y preparar condiciones para proyectos cada vez más reaccionarios y autoritarios.

Promueven también cuestionamientos a la ciencia y promueven puntos de vista anticientíficos, presentan a la ciencia como «adoctrinamiento o ideológica» y señalan que no existe un conocimiento absolutamente verdadero, universal u objetivo, sino que toda forma de conocimiento depende del contexto cultural, social, histórico o individual desde el cual se produce.

También forma parte de la ofensiva ideológica burguesa las «teorías» y puntos de vista provenientes del revisionismo y el reformismo, que, utilizando un discurso seudoizquierdista, promueven puntos de vista y políticas funcionales al sistema capitalista.

No son pocos los sectores de trabajadores, jóvenes y mujeres de los sectores populares que caen en las redes de esas posiciones y —equivocadamente— creen participar en movimientos que se proponen la transformación revolucionaria de la sociedad.

Nuestros partidos también deben desenmascarar esas posiciones, comprendiendo que ello forma parte de la lucha ideológica y política contra facciones de misma gran burguesía.

El escenario político actual ofrece condiciones más favorables para la actividad revolucionaria de nuestros partidos. Los trabajadores y trabajadoras, campesinos y campesinas, jóvenes y mujeres de las clases trabajadoras enfrentan hoy una realidad que les permite ver con claridad lo que el capitalismo ofrece a la humanidad.

Esta realidad, visible e inocultable, debe ser aprovechada por nuestros partidos y organizaciones para avanzar en la construcción de las fuerzas de la revolución, en la configuración de un movimiento revolucionario de masas, elemento fundamental para el triunfo de la revolución social del proletariado.

Es muy importante que nuevos y grandes contingentes de masas comprendan que la lucha es el camino para conquistar reivindicaciones y derechos, así como para frenar los planes de la burguesía y el imperialismo, e incorporarse al combate. Sin embargo, si la vanguardia revolucionaria no está presente en esas luchas, organizándolas y dirigiéndolas, no rebasarán los límites impuestos por el sindicalismo y la acción intencionalmente dirigida por partidos y movimiento burgueses y reformistas para limitar la lucha de las masas.

La clase obrera, la juventud y las mujeres de las clases y capas trabajadoras y los pueblos deben comprender que para alcanzar su emancipación deben apoyarse en todas las formas de lucha, legales e ilegales. El Partido del proletariado tiene la obligación de organizar todas esas expresiones de lucha.

Nuestros partidos tienen la responsabilidad de asumir un papel más protagónico tanto en los países donde estamos presentes como en el escenario internacional. Para alcanzar ese protagonismo, es indispensable definir orientaciones y políticas correctas, basadas en los principios marxista-leninistas; sin embargo, eso no basta. Es necesario contar con la fuerza suficiente para materializar esa política, y esa fuerza proviene de las masas obreras, campesinas, juveniles y de las clases y capas trabajadoras explotadas y oprimidas que se movilizan influenciadas por nuestra política.

Llegaremos a nuevos y más amplios sectores de masas en la medida en que nuestros partidos crezcan numéricamente. El reclutamiento de nuevos comunistas debe convertirse en una de las tareas prioritarias de nuestras organizaciones.

Para atraer a la clase obrera, a la juventud y a las mujeres de los sectores populares a la lucha por la revolución, es imprescindible desarrollar una difusión intensa y sistemática de nuestra política, de nuestras tesis programáticas y de nuestros puntos de vista sobre los diversos problemas que enfrenta el mundo y la sociedad. No se concibe un partido marxista-leninista que no realice una constante propaganda de su política y de su accionar. En este sentido, el periódico impreso cumple un papel fundamental, pues permite establecer un contacto directo y una relación física inmediata con las masas.

El escenario político mundial exige profundizar el trabajo de unidad con las fuerzas sociales y políticas interesadas en luchar contra el imperialismo y las políticas de la burguesía internacional. Trabajamos por constituir un frente internacional antiimperialista y antifascista que se exprese en acciones y luchas concretas, tanto en los lugares donde estamos presentes como a través de iniciativas de carácter internacional.

La lucha antiimperialista cobra particular importancia en la actualidad, cuando asistimos a un período de recrudecimiento de la agresividad del imperialismo estadounidense —principal enemigo de los pueblos— y de agudización de las contradicciones inter imperialistas, que advierten sobre el peligro de una nueva conflagración mundial.

Lo hemos dicho en otras ocasiones: no es posible enfrentar a un imperialismo apoyándose en otro imperialismo. Así se expresa una auténtica postura anticapitalista y antiimperialista.

La lucha internacional del proletariado contra del sistema capitalista-imperialista se manifiesta en la confrontación de clase en cada país, pero debe estar vinculada a las acciones, a las luchas de carácter internacional. La clase obrera y los pueblos, en su lucha por conquistar su emancipación, deben sostener una política de independencia de clase.

XXX Sesión Plenaria

Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas CIPOML

Noviembre de 2025

Fuentes consultadas:

  • Los efectos económicos de los aranceles del presidente Trump (10 de abril de 2025)

https://budgetmodel.wharton.upenn.edu/issues/2025/4/10/economic-effects-of-president-trumps-tariffs?utm_source=chatgpt.com

  • Los bienes de IA y la distribución anticipada impulsan el comercio mundial en 2025, pero las perspectivas para 2026 son sombrías

https://www.wto.org/english/news_e/news25_e/stat_07oct25_e.htm?utm_source=chatgpt.com

  • Hegemonía y disputa de la hegemonía imperialista. Alejandro Ríos. Agosto de 2025.
  • Informes de Perspectivas de la Economía Mundial

https://www.imf.org/es/Publications/WEO/Issues/2025/07/29/world-economic-outlook-update-july-2025#:~:text=Se%20proyectan%20tasas%20de%20crecimiento,Perspectivas%20de%20la%20econom%C3%ADa%20mundial.

  • World Employment and Social Outlook Trends 2025

https://www.ilo.org/sites/default/files/2025-01/WESO25_Trends_Report_EN.pdf?utm_source=chatgpt.com

Miembros de la CIPOML

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La organización Democracia Revolucionaria publica la revista semestral teórica y política Democracia Revolucionaria en la India. Contiene material sobre los problemas a los que se...

Movimiento para la Reorganización del Partido Comunista de Grecia 1918-1955 (Anasintaxi)

El Movimiento para la Reorganización del Partido Comunista de Grecia 1918-1955 (Anasintaxi) se fundó en 1996. Anasintaxi, que lucha por la unificación de los comunistas...

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Revolusjon (Revolución) fue inicialmente un consejo editorial ampliado que publicaba una revista para ayudar a preparar las condiciones para el restablecimiento de un Partido...

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El Partido Comunista Marxista Leninista de Venezuela (PCMLV) se fundó en 2009. El PCMLV es miembro de la CIPOML. Página web

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